7,0

Pochoclo Club

Strange Darling2023 · JT Mollner

Strange Darling opera como una subversión implacable de la dinámica víctima-victimario, el condicionamiento de género y la psicopatología de la depredación serial. La premisa arranca como el arquetípico juego del gato y el ratón en los bosques de Oregón tras un encuentro casual en un motel: una joven aterrorizada (Willa Fitzgerald) parece huir desesperadamente de un acosador armado y brutal (Kyle Gallner). Sin embargo, a medida que la estructura no lineal desentraña los hechos, la película dinamita los prejuicios del espectador: la supuesta víctima revela ser «The Electric Lady», una psicópata calculadora y letal que utiliza los estereotipos de la fragilidad femenina como un arma de cacería, mientras que el supuesto agresor es un hombre común que cayó en una trampa erótica y lucha por sobrevivir. Psicológicamente, la obra expone cómo la empatía humana está sesgada por narrativas previas: el público asume la inocencia o culpabilidad de un sujeto basándose en su apariencia física y en roles culturales aprendidos, demostrando que la mayor astucia de la maldad contemporánea radica en vestirse con los ropajes de la indefensión.

En el plano técnico y formal, la película es una clase magistral de cómo el formato físico y el montaje fragmentado pueden revolucionar el thriller de género. Rodada íntegramente en celuloide de 35mm por el actor Giovanni Ribisi en su consagratorio debut como director de fotografía, la imagen deslumbra por su grano denso, su paleta saturada inspirada en los años setenta y el contraste violento entre el rojo sangre de un Dodge Dart y el verde oscuro de los pinares. El guion de Mollner divide el relato en seis capítulos ordenados anacrónicamente (comenzando por el capítulo tres), obligando a los miembros de la sala a rearmar las piezas del rompecabezas moral de forma activa. El diseño sonoro acentúa los disparos de escopeta y la respiración jadeante sin recurrir a efectos digitales higiénicos, mientras que la actuación de Willa Fitzgerald es una cumbre de camaleonismo dramático, transitando de la histeria fingida a una frialdad sociopática escalofriante en cuestión de segundos.

Detrás de cámara, JT Mollner concibió el film como una declaración de principios frente a la homogeneidad digital del cine comercial actual, imponiendo la regla de trabajar exclusivamente con efectos prácticos, especialistas en vivo y película analógica. El cineasta estadounidense explicó en el Fantastic Fest que su objetivo era confrontar la pereza intelectual de las audiencias: quería que el espectador se sintiera incómodo al descubrir que había empatizado y justificado a un monstruo solo porque este encajaba en la figura de una mujer rubia gritando en el bosque. Para Mollner, el terror moderno no necesita monstruos sobrenaturales, sino un espejo que refleje la facilidad con la que nuestros juicios morales son manipulados por las apariencias.

Al apagarse la pantalla, Strange Darling deja a la sala en un estado de conmoción absoluta ante la caída de las máscaras. La película no solo redefine los códigos del thriller, sino que interpela directamente la soberbia del observador: ¿cuántas veces en la vida real hemos absuelto o condenado a alguien guiados únicamente por nuestras simpatías superficiales y prejuicios de género? Mollner nos deja flotando una advertencia inquietante: el peligro más letal rara vez tiene la forma que esperamos, y el verdadero terror comienza cuando descubrimos que el lobo aprendió a llorar como cordero para elegir a su presa.

Strange Darling · 7,0 · Pochoclo Club