7,7

Pochoclo Club

The square2017 · Ruben Ostlund

The Square es una autopsia clínica sobre la hipocresía de la moral liberal, la fractura del contrato social y el abismo insalvable entre el discurso humanitario burgués y la cobardía cotidiana. Christian (Claes Bang), el elegante y respetado director de un museo de arte contemporáneo en Estocolmo, prepara la inauguración de una instalación titulada «El Cuadrado», definida como un santuario donde todos comparten los mismos derechos y obligaciones de ayuda mutua. Sin embargo, cuando le roban el teléfono móvil y la billetera en la calle mediante un engaño callejero, toda su sofisticación progresista se evapora: consumido por una paranoia de clase, redacta una carta de amenaza anónima y la distribuye en todos los buzones de un monoblock en un barrio pobre de inmigrantes. Psicológicamente, la película disecciona la disonancia cognitiva de las élites occidentales: aman a la humanidad en abstracto, firman manifiestos éticos y compran obras de arte conceptuales, pero reaccionan con desprecio, miedo y clasismo visceral en cuanto un pobre o un mendigo se acerca físicamente a su espacio de confort.

Formalmente, la obra —ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2017 y nominada al Oscar— es un prodigio de rigor formal, humor incómodo y tensión sostenida. La dirección de fotografía de Fredrik Wenzel encuadra los museos y los palacios nórdicos con una simetría gélida que resalta la esterilidad de los espacios institucionales. La célebre secuencia del banquete de gala —donde un artista performático (Terry Notary) encarna a un hombre-mono que acosa, golpea y aterroriza físicamente a los donantes de esmoquin ante la parálisis cobarde de todos los presentes— es una de las cumbres pedagógicas de la historia del cine sobre el efecto espectador (bystander effect): la cámara sostiene planos fijos angustiosos donde la etiqueta burguesa impide reaccionar ante la barbarie. El guion articula un crescendo donde las relaciones públicas, los medios virales y la culpa moral se cruzan sin tregua, mientras que Claes Bang despliega un trabajo descomunal encarnando el patetismo del macho ilustrado en caída libre.

Detrás de cámara, Ruben Östlund concibió la idea a partir de una instalación artística real que diseñó junto al productor Kalle Boman en la ciudad de Värnamo, motivado por el deterioro de la confianza pública en Suecia y la proliferación de barrios cerrados. El cineasta explicó que quería exponer cómo las clases educadas han tercerizado la solidaridad en campañas publicitarias para tranquilizar su propia conciencia sin resignar un solo privilegio material. Para Östlund, el arte contemporáneo a menudo funciona como un patio de juegos elitista donde se simula la provocación política, pero donde nadie está dispuesto a asumir el costo real de tenderle la mano a un semejante en la vereda.

Al apagarse la pantalla, The Square nos deja con la imagen desoladora de Christian buscando desesperadamente entre montañas de basura bajo una lluvia torrencial la dirección de un niño inmigrante al que acusó falsamente, solo para descubrir que la familia ha sido desalojada y ya no está. La película nos deja sin escapatoria ética: desenmascara que nuestra empatía suele ser un espectáculo diseñado para el aplauso ajeno. Östlund nos deja una pregunta demoledora: ¿cuánto de nuestro compromiso con la justicia es una convicción real y cuánto es apenas una pose estética dentro de un cuadrado seguro que nos protege de la realidad?

The square · 7,7 · Pochoclo Club