6,7
Pochoclo Club
A real pain2024 · Jesse Eisenberg
A Real Pain disecciona con ternura, neurosis y dolor el trauma transgeneracional, el duelo postergado y la imposibilidad de rescatar a quien amamos de su propio abismo mental. Dos primos criados casi como hermanos en Nueva York, David (Jesse Eisenberg) y Benji (Kieran Culkin), viajan a Polonia tras la muerte de su abuela para unirse a un tour sobre el Holocausto y visitar la modesta casa donde ella sobrevivió antes de emigrar. Psicológicamente, la película explora la dolorosa asimetría del sufrimiento humano: David es un hombre funcional, ansioso y acorazado en una vida familiar ordenada que carga con una culpa burguesa constante por su bienestar; Benji, en cambio, es una fuerza de la naturaleza carismática, magnética y desinhibida que esconde una depresión clínica devastadora y un vacío existencial ingobernable. La fricción surge de sus mecanismos de defensa: mientras David se refugia en la corrección política y las normas sociales para amortiguar el impacto del pasado histórico, Benji desenmascara con furia la banalización del dolor en el turismo de la memoria, incapaz de tolerar la indiferencia de un mundo que sigue funcionando mientras el dolor ancestral continúa ardiendo en su pecho.
En el plano cinematográfico, la segunda película como director de Jesse Eisenberg —ganadora del Premio al Mejor Guion en el Festival de Sundance 2024— destaca por su maestría dialógica y su contención visual. La fotografía de Michal Dymek recorre Varsovia, Lublin y el campo de concentración de Majdanek con una luz otoñal suave y respetuosa, despojada de sensacionalismo turístico o morbo melodramático, permitiendo que la arquitectura histórica cargue con el peso de la memoria. La banda sonora recurre de forma casi exclusiva a las piezas para piano de Frédéric Chopin (nocturnos, preludios y baladas), aportando una elegancia melancólica que dialoga con los paisajes polacos y la fragilidad de los vínculos. El guion es un modelo de ritmo dramático, donde la comedia verbal de herencia judía-neoyorquina se quiebra súbitamente ante la verdad del dolor, mientras que la actuación de Kieran Culkin es una de las cumbres interpretativas del año: compone un personaje desbordante de gracia, ternura y desesperación que desarma a la sala en cada plano.
Detrás de cámara, Jesse Eisenberg escribió la historia basándose en viajes personales que realizó a Polonia para rastrear las huellas de su familia sobreviviente del Holocausto. El realizador explicó que el título condensa la pregunta ética central del proyecto: ¿cómo validamos nuestro «dolor real» cotidiano —la soledad, la depresión o el desencuentro afectivo en tiempos de paz y privilegio— cuando lo comparamos con tragedias históricas monumentales sin caer en el cinismo o en la autocomplacencia? Eisenberg señaló que no buscaba ofrecer lecciones de autoayuda, sino capturar la experiencia universal de mirar a un ser querido que se está destruyendo y admitir la propia impotencia para salvarlo.
Al apagarse la pantalla, A Real Pain concluye con una despedida sin dramatismos grandilocuentes en el aeropuerto JFK: David regresa al calor de su hogar suburbano y Benji permanece solo, sentado en una sala de espera vacía, comiendo un snack y mirando a la nada. La película nos deja con un nudo en la garganta y una verdad afectiva demoledora: a veces, el amor más puro entre dos personas no alcanza para sanar una herida ontológica. Eisenberg nos deja flotando una reflexión de enorme madurez: amar a alguien también implica aceptar que no podemos arreglar su dolor, y que acompañar en silencio es a menudo el único y más desgarrador acto de amor que podemos ofrecer.