8,0

Pochoclo Club

Everything Everywhere All at Once2022 · Daniel Kwan / Daniel Scheinert

Everything Everywhere All at Once desarticula la fantasía de las vidas no vividas para explorar el colapso del sentido y la transmisión intergeneracional del trauma. Evelyn Wang (Michelle Yeoh), una inmigrante china abrumada por una lavandería al borde de la quiebra, un matrimonio desvitalizado y una relación fracturada con su hija Joy (Stephanie Hsu), vive atrapada en el reproche narcisista de creer que cualquier otro camino vital hubiera sido mejor que su presente. Su hija, bajo el avatar nihilista de Jobu Tupaki, encarna la depresión contemporánea de una generación aplastada por la saturación de información: al verlo «todo a la vez», descubre que nada importa en el vacío infinito (el «todo en un bagel»). La película aborda una patología existencial de primer orden: cómo el cinismo y la desconexión afectiva operan como escudos ante el dolor de la decepción. Frente a este abismo, la figura de Waymond (Ke Huy Quan) subvierte la masculinidad tradicional al proponer la amabilidad y la ternura no como debilidad ingenua, sino como una estrategia consciente y radical de supervivencia emocional para seguir amando en medio del caos.

En el plano cinematográfico, los Daniels despliegan un tour de force técnico donde el montaje y la plasticidad visual devienen herramientas de pedagogía narrativa. La edición de Paul Rogers es un prodigio de ritmo y coherencia que salta entre universos a velocidades vertiginosas, utilizando variaciones constantes en la relación de aspecto (del 1.85:1 al panorámico 2.39:1 y formatos televisivos) para ubicar espacial y psicológicamente al espectador. La dirección de fotografía utiliza contrastes lumínicos estridentes que colisionan con la paleta grisácea y deprimente de la oficina de impuestos, mientras que la coreografía de artes marciales rinde tributo físico a Jackie Chan combinando acrobacias prácticas con objetos cotidianos absurdos. El diseño sonoro de Son Lux teje una partitura ecléctica que sabe transitar del estruendo cósmico a la conmovedora escena muda de las rocas en el cañón, donde dos subtítulos en una pantalla inmóvil logran una de las cumbres dramáticas del cine reciente gracias a la entrega actoral de Yeoh, Quan y Hsu.

Detrás de cámara, Daniel Kwan y Daniel Scheinert concibieron la historia como una respuesta catártica a sus propias neurosis personales, al trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) diagnosticado a Kwan durante la escritura, y a los complejos choques culturales entre padres migrantes e hijos nacidos en Occidente. Los directores explicaron en conferencias tras su histórico triunfo en los Premios Oscar que la estética caótica y grotesca (los dedos de salchicha, los dildos como armas) era una trampa deliberada para desarmar las defensas del espectador: querían que el público se riera de lo ridículo para luego confrontarlo, con la guardia baja, con un drama íntimo sobre la reconciliación familiar y la salud mental.

Al apagarse la pantalla, Everything Everywhere All at Once ofrece una redención existencial de una potencia arrolladora. Cuando Evelyn abraza a su hija en el estacionamiento y decide rechazar la omnipotencia de infinitos universos para quedarse a limpiar recibos fiscales en esta vida ordinaria, la película formula su tesis más bella: precisamente porque nada importa a escala cósmica, lo único que nos salva del vacío es elegir cuidar los pequeños instantes de amor que tenemos al alcance de las manos. Los Daniels dejan flotando en la sala una certeza sanadora: ser amable con el otro no es una rendición, sino el mayor acto de coraje y rebeldía posible en un universo indiferente.