6,5
Pochoclo Club
Challengers2024 · Luca Guadagnino
Challengers convierte el deporte de alta competencia en una arena donde el tenis, el erotismo y el poder operan como un único y voraz lenguaje de dominación psicológica. Tashi Duncan (Zendaya), una prodigio del tenis cuya carrera como jugadora fue truncada por una lesión devastadora en la rodilla, sublima su frustración personal manipulando las trayectorias de los dos hombres que la aman: Art Donaldson (Mike Faist), su esposo y un multicampeón en declive al que entrena con disciplina asfixiante, y Patrick Zweig (Josh O'Connor), su arrogante y marginal expareja que sobrevive compitiendo en torneos de baja categoría. Psicológicamente, la película disecciona una dinámica triangular de codependencia tóxica y deseo homoerótico desplazado: Art y Patrick son dos hermanos simbólicos cuya rivalidad y mutua atracción física solo pueden consumarse a través de la presencia mediadora de Tashi, mientras que ella solo experimenta excitación y sentido vital cuando ambos se baten a duelo en una cancha. El amor en este universo no es un refugio de ternura, sino un partido a tres sets donde la vulnerabilidad se castiga con la derrota y donde los celos son el único combustible capaz de sostener el rendimiento.
En el plano formal, Luca Guadagnino lleva la energía cinematográfica a una dimensión física y kinestésica casi revolucionaria. La dirección de fotografía de Sayombhu Mukdeeprom en 35mm explora el sudor, la textura de la arcilla y la tensión muscular con planos cerrados hiperestéticos, alcanzando su cenit en planos subjetivos imposibles: la cámara adopta la perspectiva de la pelota cruzando la red a toda velocidad o se sitúa bajo el suelo transparente de la cancha para registrar los pasos y los impactos de los jugadores. La música electrónica de Trent Reznor y Atticus Ross es una genialidad absoluta: funciona como un pulso de rave implacable que irrumpe sobre las conversaciones más íntimas, transformando un diálogo de hotel en una secuencia de acción vertiginosa. El montaje de Marco Costa entrelaza trece años de historia con saltos temporales que dosifican la tensión dramática como un tie-break, mientras que el trío protagónico —Zendaya imponiendo un carisma de reina implacable, O'Connor desbordando una sensualidad callejera y Faist encarnando la fragilidad del atleta devorado por la exigencia— brinda una lección de magnetismo escénico.
Detrás de cámara, Luca Guadagnino y el guionista Justin Kuritzkes concibieron el proyecto con la premisa de filmar una película de tenis que fuera, en realidad, una comedia de enredos sexuales donde los personajes solo hablan de sus verdaderos sentimientos cuando están jugando. El realizador italiano explicó en entrevistas que para él el tenis es la metáfora definitiva de la condición humana: un diálogo físico sin contacto directo entre dos cuerpos separados por una red que se envían proyectiles a toda velocidad. Guadagnino señaló que su obsesión no era definir quién se quedaba con quién al final del partido, sino celebrar la belleza del combate íntimo: cómo tres seres rotos por la obsesión encuentran en el desgaste físico el único territorio donde son plenamente honestos entre sí.
Al apagarse la pantalla, Challengers concluye con el punto definitivo en la red: Patrick y Art abandonan toda táctica, se funden en un salto acrobático sobre el fleje y se abrazan exhaustos mientras Tashi se levanta de su asiento gritando en un éxtasis casi místico. La película se niega a coronar a un ganador y celebra la pura disolución del ego a través del juego. Guadagnino nos deja flotando una certeza electrizante: en el fondo, las relaciones más intensas de nuestras vidas no se tratan de ganar o perder, sino de encontrar a alguien dispuesto a sostener el intercambio y devolverte la pelota con la misma furia con la que te atreves a lanzarla.