7,8

Pochoclo Club

El triangulo de la tristeza2022 · Ruben Ostlund

El triángulo de la tristeza es una sátira sociológica salvaje sobre la tiranía del capital estético, la farsa de la meritocracia y la fragilidad de las jerarquías humanas frente a la supervivencia biológica. La trama sigue a Carl (Harris Dickinson) y Yaya (Charlbi Dean), una pareja de modelos e influencers que utilizan su atractivo físico como moneda de cambio para insertarse en el ecosistema del lujo, abordando un crucero exclusivo junto a oligarcas rusos y traficantes de armas británicos. Psicológicamente, la película disecciona cómo el poder corrompe independientemente de la clase social: tras un naufragio que deja a un grupo varado en una isla desierta, las riquezas y la belleza pierden todo valor funcional frente a las necesidades primarias. Abigail (Dolly de Leon), la mujer de limpieza del barco y única superviviente capaz de pescar y encender fuego, instaura de inmediato un matriarcado despótico donde la comida se raciona a cambio de sumisión y favores sexuales. Östlund demuestra que las estructuras de opresión no son un defecto exclusivo de las élites, sino un mecanismo adaptativo universal: cuando los oprimidos toman el control, rara vez emancipan a la comunidad; simplemente se adueñan del látigo.

Formalmente, la obra —ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2022— despliega la ya clásica puesta en escena analítica y distanciada de Östlund, estructurada en tres actos de precisión teatral. La fotografía de Fredrik Wenzel explora el espacio del yate con una geometría aséptica que gradualmente colapsa en la célebre secuencia de la cena del capitán: un crescendo grotesco filmado en planos estáticos donde el balanceo del barco, los vómitos en masa y el desborde de las cloacas destrozan la sofisticación burguesa a plena luz. El diseño de sonido juega con el estruendo de los retretes y la tormenta de fondo mientras un capitán marxista borracho (Woody Harrelson) y un millonario capitalista ruso (Zlatko Burić) intercambian citas de Marx y Reagan por el sistema de altavoces. La interpretación de Dolly de Leon es un prodigio de autoridad y resentimiento acumulado, transformando a una empleada invisible en una tirana implacable con una economía gestual imponente.

Detrás de cámara, Ruben Östlund cerró con este film su trilogía sobre la hipocresía occidental (iniciada con Force Majeure y The Square), inspirándose en conversaciones con su esposa, fotógrafa de moda, sobre el valor del cuerpo como mercancía. El cineasta sueco explicó que le interesaba poner a prueba qué ocurre cuando el marco institucional desaparece: los modelos y los millonarios descubren que en la naturaleza carecen de habilidades reales para sobrevivir. Para Östlund, el cine no debe ser un refugio moralizante, sino un espejo de incomodidad antropológica que obligue al espectador a cuestionar sus propias ilusiones sobre la igualdad y la justicia social.

Al apagarse la pantalla, El triángulo de la tristeza nos deja suspendidos en un dilema moral aterrador: en el acantilado de la isla, Abigail levanta una piedra para asesinar por la espalda a Yaya tras descubrir que existe un ascensor que conecta con un resort civilizado, mientras Carl corre desesperado por la selva. La película se niega a resolver la escena y nos arroja una pregunta implacable: cuando el poder y el privilegio caen en nuestras manos, ¿seríamos realmente capaces de renunciar a ellos por justicia, o mataríamos a sangre fría para no volver a ser los que limpian los baños del mundo?