7,0

Pochoclo Club

Shoplifters2018 · Hirokazu Kore-eda

Shoplifters desarticula la noción biológica y moral de la familia para explorar cómo el desamparo estructural engendra pactos afectivos de supervivencia. La aparente calidez del clan Shibata no responde a una patología delictiva, sino a un sofisticado mecanismo de defensa colectivo: cada uno de sus miembros ha sido expulsado o violentado por sus vínculos de sangre originales y encuentra en este hacinamiento clandestino una reparación psicológica a través de la adopción mutua. Osamu busca validar una paternidad que el sistema le niega mediante la transmisión de su único oficio (el hurto menor), mientras Nobuyo intenta sanar su esterilidad y el trauma de la violencia conyugal cobijando a la pequeña Yuri del abuso doméstico. Sin embargo, esta red de apego no es idílica ni pura; convive con una descarnada conveniencia material —la pensión de la anciana Hatsue, los ingresos del taller erótico de Aki y el uso utilitario de los niños como cómplices en supermercados—, revelando la fragilidad de una comunidad erigida sobre la culpa, el autoengaño y la necesidad apremiante de pertenencia.

Esta complejidad vincular se sostiene en una maestría formal donde la técnica cinematográfica opera como una lección de empatía y observación. El guion de Kore-eda sigue una estructura engañosa: adopta el ritmo paciente y distendido de una comedia costumbrista durante dos actos para luego dinamitar nuestras certezas morales en el interrogatorio policial del desenlace, donde los mismos actos de cariño son reclasificados por la ley como secuestro, fraude y explotación. La dirección de fotografía de Ryuto Kondo, rodada en 35mm, emplea una paleta cálida y planos cerrados dentro de la diminuta vivienda de madera, situando la cámara a la altura del tatami (herencia directa de Yasujirō Ozu) para convertir ese espacio precario en un refugio íntimo frente al frío e indiferente Japón exterior. En el diseño sonoro, la ausencia de música incidental invasiva otorga el protagonismo a los ruidos del entorno —el hervor del agua, la lluvia y los estallidos amortiguados de unos fuegos artificiales que la familia contempla apiñada en el porche sin llegar a verlos en el cielo—, mientras que el elenco despliega una contención conmovedora, condensada en el legendario plano fijo donde Sakura Ando se limpia las lágrimas con el dorso de la mano sin taparse el rostro, demostrando que la emoción más demoledora se alcanza desde la renuncia al aspaviento melodramático.

Detrás de cámara, Kore-eda concibió el proyecto impulsado por noticias reales sobre familias marginales en Tokio que ocultaban la muerte de ancianos para seguir cobrando sus pensiones, o padres que adiestraban a sus hijos en el robo a comercios. Lejos del linchamiento moral y la indignación mediática, el realizador —consagrado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2018— explicó que su objetivo era cuestionar la hipocresía de una sociedad hiperindividualista que solo advierte la existencia de la niñez desamparada cuando esta atenta contra la propiedad privada. Para Kore-eda, filmar este hogar fuera de la ley no implicaba justificar el delito, sino interrogar qué constituye verdaderamente un lazo familiar, explorando su convicción de que los pactos elegidos desde la vulnerabilidad compartida a menudo albergan una ternura mucho más honesta que las obligaciones impuestas por la genética y las instituciones estatales.

Al apagarse la pantalla, Shoplifters rechaza cualquier moraleja complaciente y deja flotando un dilema ético punzante sobre el costo de la justicia formal. Cuando la ley restituye el orden social y disuelve el clan, la película expone una tragedia silenciosa: la niña es devuelta a la negligencia de sus progenitores biológicos y el niño debe aprender a nombrar a su figura paterna desde la distancia insalvable de un vidrio de autobús. Kore-eda no absuelve a sus personajes de sus mentiras, pero nos despoja de la comodidad del juicio moral exterior, obligándonos a responder una pregunta incómoda: ¿qué define de verdad a una familia: el contrato biológico que certifica un papel oficial o el acto cotidiano, precario e imperfecto de mirarse a los ojos y elegir cuidarse en un mundo que ha decidido darte la espalda?

Shoplifters · 7,0 · Pochoclo Club