6,5
Pochoclo Club
Zona de Interes2023 · Jonathan Glazer
Zona de Interés es una de las cumbres más radicales, aterradoras y necesarias de la historia del cine sobre la banalidad del mal, la compartimentación psicológica y la capacidad humana para normalizar el horror en nombre del confort burgués. La película sigue el día a día de Rudolf Höss (Christian Friedel), el comandante nazi del campo de concentración de Auschwitz, y su esposa Hedwig (Sandra Hüller), quienes han construido un idílico hogar familiar con jardín florido, piscina, huerta y pérgola, separado del complejo de exterminio únicamente por un muro de hormigón. Psicológicamente, la película es una autopsia sobre la indiferencia cómplice: la familia Höss no está compuesta por monstruos góticos ni sádicos deformes, sino por burgueses arribistas y metódicos que han domesticado el genocidio como un simple ruido de fondo que no debe interferir con la educación de sus hijos ni con el cuidado de sus dalias. El horror no radica en lo que vemos, sino en lo que eligen no ver: Hedwig se prueba con vanidad el tapado de visón de una mujer asesinada horas antes, los niños juegan con dientes de oro extraídos de los cadáveres y la vida doméstica transcurre con una placidez siniestra, demostrando cómo la ambición material y el egoísmo son capaces de anestesiar por completo la empatía humana.
Formalmente, Jonathan Glazer y su director de fotografía Łukasz Żal ejecutan un dispositivo de distanciamiento ético sin precedentes: instalaron hasta diez cámaras fijas digitales ocultas en la casa y el jardín, operadas a distancia sin equipo técnico presente en el set, sin luces artificiales ni monitores visibles, creando una estética de vigilancia fría («Gran Hermano en una casa nazi») que despoja al film de cualquier glamour cinematográfico o manipulación dramática. La imagen nos muestra el aburrimiento doméstico impecable; el sonido —diseñado por Johnnie Burn en una investigación histórica de más de diez años— es la verdadera película: un infierno sonoro continuo y fuera de campo de chimeneas rugientes, silbatos de trenes, disparos secos, gritos ahogados y cenizas cayendo sobre las flores que nunca se detiene. Las breves secuencias filmadas con cámaras térmicas militares nocturnas, donde una niña polaca esconde manzanas para los prisioneros, aportan el único rayo de humanidad poética, mientras que la música atonal y fúnebre de Mica Levi y las pantallas negras abren abismos de silencio donde el espectador debe confrontar el peso de lo irrepresentable.
Detrás de cámara, Jonathan Glazer —galardonado con el Gran Premio del Festival de Cannes 2023 y el Premio Oscar a la Mejor Película Internacional— explicó en su histórico discurso de aceptación que su objetivo no era mirar al pasado con la superioridad moral de quien visita un museo diciendo «miren lo que hicieron ellos», sino sostener un espejo implacable frente a nuestro presente. Glazer remarcó que la película interroga nuestra propia capacidad contemporánea para deshumanizar al otro y tolerar la violencia masiva, el colonialismo y las tragedias humanitarias que ocurren al otro lado de nuestros propios muros con tal de no perturbar nuestra seguridad económica y nuestro bienestar privado.
Al apagarse la pantalla, Zona de Interés concluye con una escena de una lucidez aterradora: Rudolf Höss bajando las escaleras de una gala nazi en Berlín, detenido por arcadas secas involuntarias mientras su cuerpo rechaza físicamente el horror que su mente racionaliza, interconectado con planos del personal de limpieza actual aspirando el suelo del Museo de Auschwitz frente a las vitrinas de zapatos y maletas de las víctimas. La película deja a la sala en un silencio helado y paralizante: el muro de Auschwitz es el muro de nuestra propia indiferencia cotidiana. Glazer nos confronta con la pregunta definitiva de nuestro tiempo: ¿cuántas atrocidades elegimos ignorar deliberadamente cada día al otro lado de nuestras paredes con tal de poder seguir regando las flores de nuestro propio jardín?