8,4

Pochoclo Club

Flow2024 · Gints Zibalodis

Flow es una meditación poética, muda y deslumbrante sobre el colapso ecológico, la ansiedad ante la pérdida y la necesidad existencial de la interdependencia comunitaria. En un planeta inundado por un diluvio catastrófico y desprovisto de presencia humana, un gato negro solitario e hiperindependiente se ve forzado a refugiarse en un viejo velero a la deriva junto a una fauna disímil: un carpincho bondadoso, un lémur acumulador, un perro labrador efusivo y un ave gigante herida. Psicológicamente, la película disecciona la resistencia al apego y el miedo a la vulnerabilidad: el agua encarna el terror primario a la disolución del ego y a la muerte; para el gato, aceptar subir al barco implica renunciar a su autosuficiencia y aprender a tolerar la presencia del extraño. La obra expone cómo la supervivencia frente a las crisis terminales no es una cuestión de dominación darwiniana, sino de cooperación interespecífica: los animales deben deponer sus instintos territoriales para coordinar la navegación, demostrando que la verdadera fortaleza reside en la capacidad de tejer lazos cuando el suelo bajo los pies ha desaparecido.

En el plano técnico y formal, la película es un hito de la animación contemporánea independiente, realizada íntegramente en software de código abierto (Blender) por el cineasta letón Gints Zilbalodis. La cámara virtual se mueve con una fluidez orgánica revolucionaria, emulando planos secuencia en steadycam y cámaras en mano flotantes que se deslizan a ras del agua sin un solo corte brusco. La ausencia total de palabras humanas traslada toda la carga dramática a la microgestualidad animal, al comportamiento etológico riguroso y a una iluminación volumétrica prodigiosa que captura la refracción de la luz sobre las olas y las ruinas sumergidas. El diseño sonoro es un monumento sensorial que renuncia a la voz humana para trabajar exclusivamente con respiraciones, zarpazos, gruñidos naturales y el rumor del océano, complementado por la partitura orquestal minimalista y sublime compuesta por el propio Zilbalodis junto a Rihards Zalupe.

Detrás de cámara, Gints Zilbalodis —quien sorprendió a la crítica internacional en la sección Un Certain Regard de Cannes— concibió la historia como una respuesta a su propio proceso creativo. Tras haber realizado su primer largometraje (Away) en absoluta soledad, el realizador explicó que Flow funcionó como una alegoría de su necesidad de abrirse al trabajo en equipo y confiar en otros artistas para expandir su visión. Para Zilbalodis, la ausencia de humanos no representa una distopía nihilista, sino una oportunidad para desantropocentrizar la mirada cinematográfica y recordar que el mundo natural posee una dignidad y una poética que trascienden nuestras palabras y nuestras instituciones.

Al apagarse la pantalla, Flow deja una sensación de paz conmovedora cuando las aguas comienzan a descender y los animales descansan juntos contemplando su reflejo en un estanque. La película no necesita moralejas explícitas para transmitir su mensaje ético más urgente: en un mundo acechado por la catástrofe y la fragmentación, el individualismo radical es una sentencia de muerte. Zilbalodis nos deja una certeza luminosa que cala hondo en la sala: la única manera de atravesar el diluvio es aprender a mirarnos sin miedo y navegar juntos en el mismo barco.