6,0

Pochoclo Club

As bestas2022 · Rodrigo Sorogoyen

As bestas es una disección implacable sobre la violencia atávica, el odio al extranjero y el choque irreconciliable entre el idealismo burgués ilustrado y la desesperación del abandono rural. Antoine y Olga (Denis Ménochet y Marina Foïs), una pareja francesa instalada en una aldea remota de Galicia para practicar una agricultura ecológica y rehabilitar casas en ruinas, entran en conflicto con sus vecinos locales, los hermanos Anta (Luis Zahera y Diego Anido), tras negarse a firmar la instalación de un parque eólico que hubiera significado la única vía de escape económica para los lugareños. Psicológicamente, la película examina la terquedad del orgullo masculino y la escalada paranoica: Antoine se niega a ceder por una cuestión de principios morales, transformando la resistencia en una obsesión territorial suicida que desoye las advertencias y el sentido común, mientras que los hermanos Anta canalizan décadas de miseria, resentimiento social e inferioridad en un hostigamiento animal y primitivo. La primera mitad culmina en una tragedia física inevitable provocada por la ceguera de dos masculinidades enfrentadas, dando paso a una segunda mitad donde la dignidad, la templanza y el duelo lúcido de Olga demuestran que la verdadera fuerza no reside en la violencia física, sino en la paciencia inquebrantable de la memoria.

En el plano cinematográfico, Sorogoyen e Isabel Peña entregan una cumbre del thriller ibérico contemporáneo, construida con una maestría rítmica y visual insuperable. La dirección de fotografía de Álex de Pablo utiliza la niebla espesa, la lluvia y los tonos húmedos de la montaña gallega no como un paisaje bucólico, sino como una trampa geológica donde el aislamiento se vuelve una condena. La escena en la taberna del pueblo es una clase magistral de dirección formal: un plano secuencia fijo de más de nueve minutos donde los hermanos Anta acorralan verbalmente a Antoine con una agresividad pasiva que va cerrando el aire de la sala sin un solo corte de montaje. La música percusiva y visceral de Olivier Arson golpea las entrañas del espectador como un tambor de caza, mientras que las interpretaciones son descomunales: Luis Zahera compone un villano de una humanidad podrida y trágica que hiela la sangre, en perfecto contrapunto con la contención estoica de Denis Ménochet y la mirada invencible de Marina Foïs en la segunda mitad de la obra.

Detrás de cámara, Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña se inspiraron en el caso real del crimen de Santoalla ocurrido en 2010 en Ourense. El realizador madrileño —ganador de nueve Premios Goya y ovacionado en Cannes— explicó que su obsesión no era filmar una caricatura de buenos y malos ni un juicio moralista sobre el mundo rural, sino comprender las raíces estructurales del odio: la soledad, el analfabetismo funcional y la sensación de haber sido olvidados por el progreso que alimenta la furia de quienes se sienten despojados de todo. Sorogoyen subrayó que la decisión de partir la película en dos y centrar la resolución en el personaje de Olga fue fundamental para desmarcarse de la lógica patriarcal de la venganza y explorar el duelo desde la resiliencia y la justicia cotidiana.

Al apagarse la pantalla, As bestas deja una quemadura ética profunda en la conciencia del espectador. El encuentro final entre Olga y la madre de los asesinos en un camino de tierra despoja al relato de cualquier revanchismo estéril: son dos mujeres ancianas y rotas compartiendo el peso del dolor en un pueblo condenado a la extinción. La película nos devuelve una pregunta inquietante sobre nuestras propias certezas: ¿hasta qué punto el empeño obstinado en tener la razón puede cegarnos ante la ferocidad del resentimiento ajeno, y qué precio estamos dispuestos a pagar por defender un ideal cuando la tierra que pisamos nos exige el sacrificio de la propia vida?