5,7
Pochoclo Club
The Beast (La bête)2023 · Bertrand Bonello
The Beast es una autopsia deslumbrante y perturbadora sobre la angustia existencial, el miedo a la catástrofe afectiva y la deshumanización del deseo en la era de la inteligencia artificial. Inspirándose libremente en la novela La bestia en la jungla de Henry James, Bonello estructura la obra en tres tiempos históricos (1910, 2014 y 2044) conectados por la reencarnación de Gabrielle (Léa Seydoux) y Louis (George MacKay). Psicológicamente, la película disecciona la neurosis del presentimiento: Gabrielle vive consumida por la certeza de que algo terrible e innombrable está por ocurrirle, una parálisis anticipatoria que le impide entregarse al amor en el París de la Belle Époque, la expone a la violencia misógina de la cultura incel en Los Ángeles de 2014, y la empuja en un 2044 distópico a purificar su ADN para extirpar las emociones humanas consideradas obsoletas e ineficientes por el gobierno algorítmico. Bonello expone la mayor tragedia del ser humano contemporáneo: el terror a la herida afectiva es tan insoportable que la sociedad prefiere amputarse la capacidad misma de sentir antes que arriesgarse al dolor del rechazo o la pérdida.
Formalmente, la película es una obra cumbre del cine de autor europeo reciente, donde cada época está filmada con un lenguaje visual, sonoro y una textura cinematográfica radicalmente distintas. El segmento de 1910 adopta una suntuosidad de melodrama de época en celuloide de 35mm, con una iluminación crepuscular a la luz de las velas que evoca a Visconti y un vestuario fastuoso que se hunde literalmente bajo la gran inundación de París; el segmento de 2014 se adentra en el thriller psicológico hiperdigital, con planos asépticos de mansiones vacías, cámaras de vigilancia y videos de YouTube grabados por un Louis alienado que emula los manifiestos de odio de Elliot Rodger; y el segmento de 2044 abraza la ciencia ficción gélida, con cromatismos verdes y azules desaturados, saltos de montaje sincopados (jump cuts) y una repetición en bucle que transmite la pesadilla de la eternidad incorpórea. El diseño de sonido es un prodigio de asfixia sensorial —alarmas de terremoto, música de club nocturno distorsionada, metrónomos obsesivos— mientras que Léa Seydoux ofrece una interpretación colosal que unifica el dolor y la elegancia de una mujer que busca desesperadamente salvar su alma a través de los siglos.
Detrás de cámara, Bertrand Bonello dedicó años a levantar este proyecto, marcado trágicamente por la muerte de Gaspard Ulliel poco antes de iniciar el rodaje (quien iba a interpretar a Louis antes de la llegada de MacKay). El realizador francés explicó en el Festival de Venecia que su obsesión no era filmar una predicción futurista de ciencia ficción, sino un diagnóstico desgarrador de nuestra época actual: la creciente epidemia de soledad, la virtualización de los cuerpos y el auge del resentimiento masculino en internet. Para Bonello, «la bestia» de Henry James no es una criatura mitológica externa, sino el vacío provocado por la propia cobardía afectiva: la catástrofe no es que ocurra algo malo, sino pasar por la vida sin haberse atrevido a amar por miedo a sufrir.
Al apagarse la pantalla, The Beast concluye con un grito desgarrador de Léa Seydoux en una pista de baile vacía en 2044, cortado abruptamente por los créditos finales acompañados de un código QR. La película nos deja en un estado de shock ontológico: al eliminar el sufrimiento mediante la tecnología y el control absoluto, la humanidad no alcanzó la paz, sino la muerte en vida. Bonello nos interpela directamente: ¿cuánto dolor estamos dispuestos a pagar por el privilegio de seguir sintiendo, y qué estamos sacrificando de nuestra propia humanidad cuando dejamos que la comodidad y el algoritmo nos ahorren el vértigo de ser vulnerables?