7,5

Pochoclo Club

Oslo, August 31st2011 · Joachim Trier

Oslo, August 31st es una autopsia clínica, devastadora y despojada de melodrama sobre el vacío existencial, la adicción y la imposibilidad de reinsertarse en la propia vida cuando el deseo ha muerto. Anders (Anders Danielsen Lie), un hombre brillante y culto de treinta y cuatro años en recuperación de su adicción a la heroína, obtiene un permiso de veinticuatro horas de su clínica de rehabilitación para asistir a una entrevista laboral en Oslo. Psicológicamente, la película elude cualquier cliché sobre el síndrome de abstinencia para centrarse en una patología mucho más profunda: el duelo del potencial desperdiciado y la vergüenza social irremediable. Anders no sufre por la necesidad química de la droga, sino por la lucidez insoportable de constatar que, mientras su juventud quedó suspendida en el consumo, sus amigos construyeron familias, carreras y rutinas burguesas. Al reencontrarse con sus antiguos afectos, descubre que ellos también cargan con una insatisfacción silenciosa, pero conservan la capacidad de autoengañarse para seguir viviendo; Anders, desprovisto de esa defensa psicológica, se reconoce como un fantasma que camina entre los vivos, incapaz de tolerar la humillación de empezar de cero desde la mediocridad.

En el plano cinematográfico, Joachim Trier y su coguionista Eskil Vogt adaptan libremente la novela Le Feu follet de Drieu la Rochelle con una elegancia visual y una precisión rítmica asombrosas. La dirección de fotografía de Jakob Ihre, rodada en 35mm, aprovecha la luz natural dorada y melancólica del final del verano nórdico para bañar a Oslo con una belleza cristalina que contrasta dolorosamente con el infierno interior del protagonista. La secuencia en la cafetería es una cumbre pedagógica de puesta en escena y diseño sonoro: la cámara sigue la mirada de Anders mientras el sonido aísla las conversaciones banales de los clientes que lo rodean (una chica enumerando sus sueños de juventud, un matrimonio discutiendo), transformando la escucha en una experiencia de exclusión ontológica. La actuación de Anders Danielsen Lie es un monumento a la contención: con una tristeza gélida en la mirada y una sonrisa educada que enmascara su agonía, sostiene el destino trágico de la obra sin apelar jamás a la conmiseración fácil.

Detrás de cámara, Joachim Trier consolidó con este film su estatus como una de las voces más lúcidas del cine europeo contemporáneo, formando el núcleo de su aclamada trilogía de Oslo (junto a Reprise y The Worst Person in the World). El realizador noruego —galardonado en Cannes en la sección Un Certain Regard— explicó que su objetivo era abordar el tabú del suicidio y el desamparo en uno de los países más ricos y estables del planeta, explorando cómo el estado de bienestar puede garantizar la seguridad material pero es incapaz de otorgarle sentido a la existencia de un individuo que ha perdido la fe en sí mismo. Trier remarcó que buscaba que el espectador sintiera cariño y respeto por Anders, negándose a juzgarlo como un débil moral para presentarlo como una víctima de su propia e implacable lucidez.

Al apagarse la pantalla, Oslo, August 31st concluye con una de las secuencias más demoledoras del cine moderno: Anders sentado frente al piano en la casa vacía de sus padres, intentando tocar una melodía que ya no recuerda cómo terminar, antes de recluirse en su antigua habitación para sellar su partida. La película deja a la sala sumida en un silencio sepulcral, despojada de juicios morales y enfrentada a la fragilidad absoluta de la condición humana. Trier nos deja una pregunta punzante que hiela la sangre: cuando una persona ha quemado todas sus naves y ya no encuentra ninguna razón íntima para levantarse mañana, ¿alcanza el amor o la compasión de quienes lo rodean para salvarlo de su propia decisión de apagarse?