7,8
Pochoclo Club
Licorice Pizza2021 · Paul Thomas Anderson
Licorice Pizza es un estudio sobre la errática búsqueda de identidad, el espejismo de la madurez y la gravitación magnética entre dos almas desfasadas en el tiempo. Ambientada en el Valle de San Fernando en 1973, la película examina la extraña y tensa relación entre Gary Valentine, un adolescente de quince años hiperactivo, carismático y emprendedor prematuro, y Alana Kane, una mujer de veinticinco años atrapada en el limbo de la apatía y la falta de rumbo vital. Psicológicamente, la película rehúye la dinámica de explotación convencional para centrarse en un pacto vincular de mutua fascinación y defensa: Gary encuentra en Alana el ancla adulta que valida su delirio de grandeza, mientras que Alana encuentra en la insolencia juvenil de Gary una vitalidad contagiosa que la rescata del mandato opresivo de su familia conservadora. Ambos habitan un territorio fronterizo donde el cortejo se disfraza de sociedades comerciales (camas de agua, flippers) y celos adolescentes, exponiendo la vulnerabilidad de una etapa de la vida donde no se es ni niño ni adulto, sino pura fricción con el mundo.
En el plano cinematográfico, la obra es una lección de fluidez visual, ritmo y calidez lumínica. Rodada en 35mm con ópticas anamórficas vintage, la dirección de fotografía compartida entre Paul Thomas Anderson y Michael Bauman inunda la pantalla con los tonos dorados, ámbar y pasteles del atardecer californiano, utilizando el grano y las aberraciones cromáticas de los lentes para crear una atmósfera de recuerdo vivido más que de reconstrucción arqueológica. El sello formal de la película son sus legendarios planos secuencia en movimiento lateral (tracking shots), donde los protagonistas corren sin parar por bulevares y estacionamientos, convirtiendo la carrera física en la metáfora motora de su energía emocional y su incapacidad para detenerse. El guion brilla por su estructura episódica y libre, donde figuras grotescas del Hollywood decadente (interpretadas con genial desmesura por Bradley Cooper y Sean Penn) funcionan como espejos deformantes de lo que significa «ser adulto», mientras que los debuts protagónicos de Alana Haim y Cooper Hoffman deslumbran por su frescura, naturalismo y química desbordante.
Detrás de cámara, Paul Thomas Anderson construyó el guion a partir de anécdotas reales de su amigo el productor Gary Goetzman (quien fue actor infantil y vendió camas de agua en los años setenta) y de sus propios recuerdos de infancia en el Valle de San Fernando. Anderson explicó que concibió la película como un homenaje a la resiliencia y el desconcierto de crecer: la sensación de que a los veinte años uno cree que debería tener la vida resuelta, cuando en realidad se está tan perdido como a los quince. El cineasta remarcó que filmar con su círculo íntimo y familiar (incluyendo a las hermanas y padres de Alana Haim interpretándose a sí mismos) le permitió imprimirle al film una honestidad afectiva y una textura artesanal que escapa a los estándares higiénicos del cine de estudio contemporáneo.
Al apagarse la pantalla, Licorice Pizza culmina con una de las carreras más eufóricas del cine reciente, desembocando en un abrazo que desafía cualquier categorización moral o racional. La película no pretende normalizar ni definir el futuro de ese vínculo imposible; celebra simplemente el chispazo de encontrarse y reconocerse en medio del caos de una época en crisis. Anderson deja flotando en la sala una nostalgia luminosa sobre los comienzos: la memoria de aquel instante fugaz de nuestras vidas en el que correr a oscuras hacia alguien que no podemos tener se sentía como lo único que verdaderamente importaba en el universo.